Estamos perdiendo la capacidad de atención. En la era de TikTok, si una canción no te atrapa en siete segundos, pasas a la siguiente. Pero la música, la de verdad, requiere tiempo. Reivindico el formato álbum como la unidad de medida del arte musical. Un disco es como una novela: tiene su introducción, su nudo, su clímax y su desenlace. Saltar canciones es como arrancar páginas de un libro.

Imaginaos el Sgt. Pepper’s de los Beatles o el The Dark Side of the Moon de Pink Floyd fragmentados en una playlist aleatoria. Se pierde el viaje, se pierde el concepto. Los artistas pasan meses, a veces años, pensando en el orden de las pistas, en el silencio que debe haber entre una canción y otra, en cómo la última nota de la cara A prepara el terreno para la primera de la cara B. Os invito a un ejercicio: este fin de semana, apagad el móvil, servíos vuestra bebida favorita y escuchad un álbum entero, de principio a fin, sin interrupciones. Veréis cómo la música os cuenta cosas que antes no oíais.


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