El rugido de Madrid: Mi primera vez con los Burning

Burning

No era solo música, era una cuestión de supervivencia urbana. Corría una noche de esas en las que Madrid huele a una mezcla de asfalto mojado y libertad recién estrenada. Entrar en aquella sala fue como cruzar un umbral hacia una dimensión donde las leyes de la gravedad no se aplicaban, solo las del rock and roll. Los Burning no eran unas estrellas de pop prefabricadas; eran tipos que podrías haber encontrado en la barra de cualquier bar de La Elipa, pero con una mística que te volaba la cabeza.

Cuando Pepe Risi acarició las cuerdas y Johnny Cifuentes se puso al frente del teclado, el aire se volvió eléctrico. «Mueve tus caderas» no fue solo una canción, fue una orden. En ese momento comprendí que el rock español tenía su propio idioma: uno que hablaba de chicas de barrio, de noches interminables y de una chulería castiza que nada tenía que envidiar a los Stones. Los Burning nos enseñaron que se podía ser un «outsider» con clase, y que la verdadera elegancia no estaba en el traje, sino en la autenticidad de cada nota. Aquella noche, entre el humo y el sudor, nació mi fe ciega en el rock patrio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *